Stranger
Fuera de Foco

Stranger (2017-): Una serie de Gil Ho Ahn

Por: Dahiana Acosta

Una serie dirigida por Gil Ho Ahn (Memories of the Alhambra) y protagonizada por Seung-woo Cho (Inside Men), Doona Bae (Sympathy for Mr. Vengeance – Kingdom), y Jae-myung Yoo (Confession), un thriller en el que un fiscal deberá investigar un caso de corrupción que tocará todos los niveles. Una premisa sencilla y que la hemos visto mil veces, en TNT y en la vida real. (more…)

The Big Lebowski
Fuera de Foco

Comedias: Un Top 10 de lo mejor del cine

Luego de escribir de películas sobre epidemias una lectora me solicitó un artículo sobre comedias. Para despejar la mente en estos días tan intensos voy a dejarles un recuento de 10 comedias que son de lo mejor de la historia del cine. En ocasiones subestimada, la comedia se le antoja a ciertos espectadores como algo simple y fácil cuando en realidad es todo lo contrario, hacer reír es un arte.

El gran Frank Capra dijo en una ocasión: “La cebolla nos hace llorar. Pero aún no se ha inventado el vegetal que nos haga reír.” En esa precisa frase se conjuga el sentido más absoluto del desafío que enfrentan los realizadores cuando se embarcan en contar historias desde la óptica de la comedia. Como en todos los géneros cinematográficos aquí podemos encontrar una gran variedad que va desde las tradicionales comedias románticas hasta las más irreverentes cargadas de humor negro.

Luces de la ciudad (1931) / Dir. Charles Chaplin

¿Por qué? Chaplin es la razón. Del legado de Chaplin es difícil inclinarse por una sola película, pero Luces de la ciudad nos enseñó lo que era una comedia romántica antes de que el término fuera usado como un estándar para sub-clasificar a las comedias. Bastaría con referirnos a la secuencia de la pelea de boxeo para apreciar la enorme capacidad que tenía el director para hacernos reír. De igual modo el fuerte contenido social de sus películas queda aquí expuesto con la relación que se desarrolla entre el vagabundo y la joven florista ciega.

El Apartamento (1960) / Dir. Billy Wilder

¿Por qué? Wilder fue una de las mentes más privilegiadas del cine. Para cualquier cinéfilo revisar su obra es un deleite. El Apartamento es una de esas películas que me atrevo a recomendar sin reparos. La dupla de Jack Lemmon y Shirley McLaine está perfecta y agregamos a un Fred MacMurray que por igual entrega una soberbia actuación. Una comedia romántica de enredos que en la superficie resulta súper entretenida y que cuando se mira de cerca se nos da como un filme de estudio de personajes.

El Golpe (1973) / Dir. George Roy Hill

¿Por qué? Quizás una de las películas más influyentes en el sub-género de películas sobre estafadores. Paul Newman y Robert Redford unen fuerzas para vengar la muerte de un amigo con un complicado plan para robar una fuerte suma de dinero a uno de los jefes más temibles del bajo mundo.

Ferris Bueller’s Day Off (1986) Dir. John Hughes

¿Por qué? Una lista sin una comedia de Hughes estaría incompleta. El personaje de Ferris Bueller inmortalizaría a Matthew Broderick para siempre. Tres amigos deciden saltarse un día de clases y salir a aventurar. Desde lo simple el director nos habla de las carencias y los miedos de los jóvenes de la sociedad norteamericana de finales de los 80.

https://www.youtube.com/watch?v=FVqqVlW1a34

Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) / Dir. Pedro Almodóvar

¿Por qué? Almodóvar en uno de sus mejores momentos. Su impecable puesta en escena, el uso de los colores y una variedad de personajes excéntricos y complejos. Inmensa Carmen Maura como la Pepa, su duelo y su viaje por el desamor nos llevan al punto de la histeria.

Fuga a la medianoche (1988) / Dir. Martin Brest

¿Por qué? Robert De Niro es un caza-recompensas que tendrá que eludir a la mafia, al F.B.I. y a otros caza-recompensas para cobrar el botín por entregar sano y salvo a un peculiar contador de la mafia que posee información privilegiada. Esta es una de mis películas favoritas de infancia y una de las que más me recuerdan a mí padre.

El Gran Lebowski (1998) / Dir. Joel Coen, Ethan Coen

¿Por qué? El universo de los Coen es único y su humor muy especial. El personaje de “El Dude” de Jeff Bridges tiene estatus de culto. Una comedia que se basa en un conflicto de identidad equivocada y una serie de hilarantes personajes de un equipo de bolos.

Temporada de Patos (2004) / Dir. Fernando Eimbcke

¿Por qué? Las aventuras de dos adolescentes que, solos en casa, planean una tarde de juegos. Una falla eléctrica cambia sus planes y la inesperada visita de una vecina complica aún más las cosas. Cuando entra en escena un desconocido repartidor de pizzas se completa el cuarteto perfecto y el director nos lleva en una viaje delirante. Bajo la piel de la comedia descubrimos una película que nos hace reflexionar sobre la vida y la conducta humana.

El baño del Papa (2007) / Dir. César Charlone, Enrique Fernández

¿Por qué? Melo, un pequeño pueblo en la frontera entre Uruguay y Brasil, se prepara para la visita del Papa Juan Pablo II. Beto (César Troncoso) tiene un plan para sacar beneficio de la ocasión pero las cosas no resultan de acuerdo al plan. Este relato sobre la ambición de los hombres nos recuerda a la fantástica Bienvenido Mister Marshall de Berlanga.

El Lobo de Wall Street (2013) / Dir. Martin Scorsese

¿Por qué? Scorsese decide contar en clave de comedia la historia Jordan Belfort, un corredor de bolsa que terminó envuelto en una serie de crímenes y fraudes fiscales. Leonardo DiCaprio se pone en los zapatos de Belfort y asume el comando de la historia desde su narración. Tres horas de montados en una montaña rusa que apenas nos deja algunos minutos para recobrar el aliento.

Outbreak
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Películas Sobre Epidemias: Top 10

Una vez más el mundo es doblegado por un epidemia. El panorama actual no se acerca al dibujo dantesco que dejó la peste negra a mediados del siglo XIV pero igual ha puesto en jaque los sistemas de salud y económicos de las naciones. Ya la humanidad ha enfrentado este tipo de calamidades antes y vendrán nuevos desafíos. El cine, que siempre ha imitado la vida, ha encontrado en esas historias material valioso para crear los relatos más insólitos sobre el fin de la humanidad. En una movida irónica el brote de la nueva cepa del Corona virus, conocida como COVID-19, ha puesto al mundo del cine a probar la realidad de los efectos de una epidemia mundial.

Estrenos retrasados, rodajes cancelados, salas de cines cerradas y los estudios recurriendo a movidas atrevidas para estrenar sus películas de manera directa en plataformas digitales. El COVID-19 ha escrito su propio guión y hará que las grandes productoras se replanteen en lo adelante sus estrategias de distribución.

Justo cuando se llama a la población a permanecer en casa y evitar que este virus se siga propagando es buen momento para recomendar algunas películas. Y como no podía ser de otra manera les voy a dejar un top 10 de películas sobre epidemias.

El Séptimo Sello (1957) / Dir. Ingmar Bergman

La clave: Una absoluta obra maestra. Ambientada justo en medio de la fatal peste negra esta historia nos presenta a un fabuloso Max von Sydow como el caballero Antonious Block, un hombre que regresa a casa luego de las cruzadas para toparse con la devastación de la epidemia. La inmortal imagen de Antonious jugando ajedrez contra la muerta a la orilla de la playa y los dilemas existenciales que adornan el discurso de Bergman hace de esta una cinta imperdible.

El séptimo sello
Bengt Ekerot y Max von Sydow (Google images)

Pánico en las calles (1950) / Elia Kazan

La clave: Kazan nos regala un drama salpicado con toques de film-noir. Un policía y un doctor van tras la pista de un homicida que está infectado con tuberculosis. Las calles de Nueva Orleans son el escenario para esta cacería humana. El doctor Reed (Richard Widmark) estima que sólo tienen 48 horas antes de que la situación se salga de control y una plaga de tuberculosis invada la ciudad.

Niños del hombre (2006) / Dir. Alfonso Cuarón

La clave: La pandemia en esta distopía es la infertilidad. Las mujeres no pueden concebir y la población se ve amenazada por una extinción lenta pero segura. En medio del caos Theo Faron (Clive Owen) recibe la misión de transportar a una joven que de manera inexplicable ha podido concebir y se presenta como la salvación. Brillante la manera como el director recrea el mundo en vísperas del apocalipsis, el final es una de las secuencias mejor logradas en el cine.

12 Monos (1995) / Dir. Terry Gilliam

La clave: En 1996 letal virus ha exterminado 5 billones de personas. Para 2035 la población mundial se ha reducido al mínimo y un grupo de científicos elaboran un plan para enviar a James Cole (Bruce Willis) en un viaje al pasado para determinar el origen del virus y poder así cambiar la historia. La cosas se complican cuando por error Cole termina arribando seis años antes de lo previsto.

28 Días después (2002) / Dir. Danny Boyle

La clave: Un misterioso virus ha exterminado casi toda la población del Reino Unido. Jim (Cillian Murphy) se despierta en una cama de hospital sin saber lo que está pasando. La idea de Boyle del fin de la humanidad pega con fuerza por su crudeza y por estar sustentada en las interioridades de los sobrevivientes más que en la amenaza externa. El virus omnipresente es el que los mueve a actuar pero son sus decisiones ante la adversidad que hacen que el guión cobre importancia.

28 dias despues
Cillian Murphy (Google images)

Outbreak (1995) / Dir. Wolfgang Petersen

La clave: Un trhiller clásico de los noventas con una buena dosis de acción. Un mortal virus llega hasta California todo gracias a un simpático monito africano. Dustin Hoffman comandará a un equipo de médicos que trabajan contrarreloj para encontrar una cura y evitar la extinción de la población.

Contagion (2011) / Dir. Steven Soderbergh

La clave: Puede parecer premonitoria esta cinta de Soderbergh que nos plantea un escenario muy similar al que se ha vivido con lo que acontece hoy. Un extraño virus importado desde Hong Kong comienza a causar estragos a nivel mundial y los especialistas sufren para frenar su avance.

La noche de los muertos vivientes (1968) / Dir. George A. Romero

La clave: Romero crearía un sub-género en el cine de terror con esta película. De forma inexplicable los muertos comienzan a salir de sus tumbas para asediar a los vivos. Los que son mordidos por los zombis terminan convertidos en esos monstruos sedientos de sangre.

Soy Leyenda (2007) / Dir. Francis Lawrence

La clave: Una plaga ha exterminado casi toda la población mundial. Los que no murieron se convirtieron en monstruos que devoran todo lo que se les cruce en frente. Robert Neville (Will Smith) es un científico y uno de los pocos sobrevivientes a la hecatombe, por alguna razón parece ser inmune a la infección. Sus días de soledad se llenan con su incansable deseo de encontrar una cura que pueda restablecer el orden en el mundo. En 1971 Charlton Heston interpretó el mismo rol en El Hombre Omega.

The Crazies (2010) / Dir. Breck Eisner

La clave: Este remake de un filme de 1973 resulta bastante efectivo. Un arma biológica amenaza con exterminar la vida de los norteamericanos. El extraño virus produce locura y eventualmente la muerte. Los que no están infectados deberán lidiar con hordas de humanos que han perdido la razón para poder sobrevivir.

dossier de ausencias
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Crítica a Dossier de Ausencias (2020)

Por: Luis G. Jansen

En una sala de confraternidad, en el marco del Festival Internacional de Cine Global (FUNGLODE), se presentó por primera vez al público la Película Dossier de Ausencias. Una película dirigida por Rolando Díaz, director y guionista cubano, producida por Alfonso Quiñones y protagonizada por Judith Rodriguez.

La película es un docudrama, en el que se dramatiza un hecho o situación real, mezclándolo con el cine documental. Y aun cuando el documental es el género de mayor factura en relación a la calidad aportada al cine dominicano, el docudrama ha sido poco explorado en nuestro cine, por tanto, es una bocanada de aire fresco para nuestro cine.

Dossier de Ausencias es una búsqueda realizada por el personaje de Elaine Perez, interpretada por Judith Rodríguez, a quien he descrito en distintas ocasiones como la mejor actriz del cine dominicano en la actualidad. Judith ha preparado el personaje de Elaine de manera que transmita un aura de sobriedad y paciencia, que la divorcia de sus trabajos anteriores, donde sus personajes habían sido más extrovertidos y afianza su capacidad camaleónica.

El personaje de Elaine es una versión libre, un alter ego, del productor de la película, el periodista y ahora productor de cine, Alfonso Quiñones. Es la representación ficticia del trabajo investigativo realizado por Quinones sobre el fenómeno de las adopciones en Jarabacoa, la municipalidad montañosa del norte del país. Por esto que los críticos dominicanos Dahiana Acosta, Felix Manuel Lora y un servidor, hemos preferido denominar a Elaine como “Alfonsina”.

Dossier de ausencias
Escena de Dossier de Ausencias

En el filme se establece muy rápidamente que Elaine (Alfonsina) está atrapada. Esto es representado de manera metafórica en su relación con la ciudad, con la urbe. Elaine se define como una hormiguita, y así la vemos en la pantalla, reducida en su pequeño carro entre la inmensidad ruidosa. Ella se encuentra viajando durante toda la película, pero su viaje no es a Jarabacoa, la provincia norteña del país; es un recorrido mucho más íntimo.

Elaine procura aislarse de sí misma, de sus demonios, y se refugia en su trabajo. Y es su trabajo que le permite, de hecho, le obliga a realizar su travesía y desconectarse. Jarabacoa desdobla a Elaine (Alfonsina). La aleja del agobio de la ciudad, la desmonta de su vehículo, de su vida, y la transporta en la moto de una aliada en su investigación.

Esta aliada es Maile, que representa su vehículo y su conexión con su mundo en Jarabacoa. Elaine cruza el portal de Maile, lo que la conduce a su búsqueda por su Santo Grial, Moraima, su objeto del deseo, que, como todo objeto de deseo, termina en decepción.

Respondiendo al esoterismo del docudrama, se toma la decisión de utilizar a los entrevistados para interpretarse a sí mismo, y en muchos casos, exceptuando a Moraima, se delatan en la pantalla. Esto, junto a una edición que en ratos irrespeta su propio tempo, y la intervención incisiva del personaje principal que interrumpe la capitalización del dolor, pueden llegar a distraer a los espectadores más exigentes. Los silencios también son cine.

Elaine considera que ha fracasado en su viaje. Ha entendido que algunas cosas no se pueden cambiar, porque como escribió Bukowski: “No hay nada peor que demasiado tarde”. Y Al final, el agua limpia todo, cierra un episodio. Regresa a la ciudad que la asedia, regresa a su vida, vencida; los camiones siguen ahí, venciéndola.

“Te vas Alfonsina

Con tu soledad,

¿Qué poemas nuevos

Fuiste a buscar?

Una voz antigua

De viento y de sal

Te requiebra el alma

Y la está llevando

Y te vas hacia allá”

Honeyland
Fuera de Foco

Antropología y narratología en Honeyland

Por: Luis G. Jansen

Ficción real

Don’t eat the yellow snow, del maestro Frank Zappa, es una maravilla creativa. Una suite musical moderna, compuesta en 1974, en la que Zappa sueña que es Nanuk, el esquimal. La genialidad del imaginario creado por la obra, coquetea con la peculiaridad de la relación entre realidad y ficción.

El espacio que separa los términos realidad – ficción, la reproducción del uno en el otro, ha sido objeto discursivo de forma y fondo en todas las disciplinas del arte. Las estructuras compositivas que rigen el arte, en especial del post-contemporáneo, son una realidad inspirada en ficción, partiendo de algo cierto. Pensemos en la emulación del exterior por los interioristas, en los elementos realistas del Moldava de Bedřich Smetana o en el hiperrealismo de las esculturas de Ron Mueck. El cine se comporta de manera similar.

En el cine se ha tratado, durante toda su historia, de reproducir la realidad, pero de hacerla más interesante. Tomemos el ejemplo de la misma Nanuk, el esquimal (1922), que inspiró a Don’t eat the yellow snow. El filme es un trabajo estupendo, que logró levantar un pietaje destacable; incluso, de acuerdo al crítico dominicano de cine Edwin Cruz, muy reconocible aún en la actualidad. Pero para Robert Flaherty, director de la obra, esto no fue suficiente.  Flaherty tuvo que tomar la verdad, “decorarla” un poco, con sus aditivos. Nos entregó un trabajo final, meritorio, pero condicionado. Condicionado por la intención, la de un autor y su persecución de cautivar al espectador y la de hacerlo más interesante.

Edwin Cruz ha explicado muy bien el fenómeno de Nanuk, el esquimal (1922), y el cómo, desde su inicio, el género documental (O más bien, no ficción) ha estado condicionado a la subjetividad y a la manipulación. Aun cuando se pueda aceptar como inocua la intención, como el caso de Flaherty. Entonces, para cuidarnos de nuestra propia subjetividad humana, el impulso sería apresurarnos a establecer los espacios limítrofes entre ficción y no ficción. Identificar en cada uno, elementos, características, reglas y condiciones que permitan diferenciar uno del otro. Y así hemos establecido una zona de confort, occidental y reduccionista, dentro de la cual se pueda discriminar un trabajo del otro. Y que quizás esto sea lo justo. O por lo menos, comprensible.

Es en este sentido, en esa danza en la que interactúan los géneros de ficción y de no ficción, es que, en el pasado año 2019, una película proveniente de la República de Macedonia del Norte, de pocas pretensiones, viene a reclamar un espacio con irreverencia iconoclasta. El documental Honeyland, dirigido por Tamara Kotevska y Ljubomir Stefanov. Un trabajo sincero, suficientemente escueto para abordar la complejidad, visualmente muy bien orquestado, y metafórico, sobre unos apicultores en la República de Macedonia del norte.

Kotevska y Ljubomir dedicaron 400 horas de rodaje, durante 3 años de sus vidas, a observar una apicultora tradicional, su manera de vivir y el transcurrir de su cotidianidad en su hábitat natural. La filmaron atrapada en su pueblo, asediada por la supervivencia y con su hambre chamuscada. Observaron a Hatidze, hermosa, tesonera, viva. Nos mostraron a su madre, a sus vecinos, y su pasado, en nuestras mentes. Nos permitieron observar sus costumbres y pensar sobre las nuestras. Y tomaron todo ese material y lo tradujeron en un lenguaje que el espectador promedio pueda leer y producirle empatía: lo convirtieron en una narrativa de ficción. Así pues, establecieron el esquema de los tres actos, el camino de una heroína, con sus desenlaces y el cierre de los ciclos y por supuesto, el mejor aditivo para completar el acto perfecto, nos dieron un villano.

Honeyland en la evolución del cine

Honeyland tiene un estilo narrativo basado en la dramaturgia. Sus autores han permitido que la narración sea la protagonista absoluta de la película, compitiendo únicamente con la interpretación que el espectador le pueda otorgar al trabajo. El crítico dominicano de cine José Maracallo ha puntuado que las mejores películas de ficción son las que más se acercan al género documental, y que los mejores documentales son los que más se parecen al cine de ficción. Y desde ese pensamiento se puede establecer la grandeza de Honeyland, en borrar completamente los espacios limítrofes entre el cine de ficción y el documental, en la construcción de una película que derriba muros y engrandece realidades.

El montaje en Honeyland es un ejercicio de narratología superior. Con mucha influencia de Man with a Movie Camera (1929), dirigido por Dziga Vertov. De hecho, se pudiese establecer un paralelismo entre las dos obras y sus puntos de encuentro: Aquellos donde el documentalista comunica a través de la subjetividad del montaje. Igual que en Honeyland, en Man with a Movie Camera (1929) hubo un despliegue de técnicas cinematográficas de storytelling.

Ahora, 90 años después, en Honeyland también se evidencian técnicas similares, de vanguardia, que permiten contemplar hacia donde se ha desarrollado el lenguaje cinematográfico. Es decir, que además de una respuesta en el diálogo entre los estudios de narrativa, Honeyland es una captura, una reproducción del proceso evolutivo del cine, presentado a través de la pureza de su narrativa. A través de sus aspectos técnicos, se aprecia una obra cinematográfica de mucho criterio y de mucha suerte.

Sobre ese punto, por ejemplo, tomemos la fotografía, está mucho mejor lograda que el promedio de lo visto en todo el último año por completo. Con un respeto correcto a la luz, a los ángulos, a las horas; a la danza entre luces y oscuridad, a la permisividad con las sombras y a los encuadres frescos, la película demuestra un ojo muy desarrollado de los directores y operadores de cámaras. La recolección de sonidos, que, en condiciones de filmación tan expuestas, con distancias focales tan variables y la espontaneidad que transpira la película, resulta, más que ilesa, aplaudible. Por momentos pudiera pensarse que sus realizadores, primero escucharon y después, la pensaron. Sin lugar a dudas se puede describir a Honeyland como un trabajo visual y sonoramente conmovedor, de mucho atractivo, que reta a ser etiquetado o categorizado, no apto para el espectador distraído en la parafernalia de la narrativa secular. Y hasta con un villano.

Honeyland
Escena de Honeyland (Google Images)

La delgada línea roja entre el documentalista y el documentado

Una de las discusiones más divisorias en el cine y fotografía documental, es la función del documentalista con relación a lo que retrata, y hasta donde llega el compromiso por documentar y empieza el compromiso con intervenir. Para algunos, una intervención de parte del documentalista, desvirtúa el contexto que intenta comunicar, es más, se ha llegado a considerar, que una intervención es una violación a la labor de documentar.

El documental War Photographer (2001), de Christian Frei, es uno de los casos más comentados sobre la necesidad de revisar la línea que separa el compromiso con la comunicación y la intervención humana en una situación dada. Cuando presenta la historia de James Nachtwey, su nivel de contacto y acercamiento con víctimas, y la dinámica de su relación con las mismas, despierta con mucha pasión el dilema ético del establecimiento de los límites. La impotencia iracunda del espectador reclama un freno, pero ¿Hasta dónde es lo correcto? En el caso de Honeyland es similar, el sufrimiento de esta señora es descorazonador. Entonces, ¿se ha debido intervenir?

Hatidze realiza esfuerzos titánicos por sobrevivir, destruidos constantemente por factores que pudieron ser resueltos con muy poco esfuerzo de parte de los documentalistas, ¿Está siendo explotada? ¿Constituye un acto de abuso de parte de los autores? Honeyland, en ese sentido, se ha mantenido al margen; para permitir el paso a una historia muy humana y muy conmovedora. Solo observar. Y el documental es tan observacional como poético, poniendo su esfuerzo en que la historia de un grupo de personas que se pasean frente a una cámara, sin un ápice de idea de lo que la cámara observa en ellos, logre despertar la conciencia necesaria para evitar que estas historias se produzcan. Es una apuesta larga, arriesgada, pero coherente; porque respeta los pilares del género en el cual se enmarca. Prostituir y capitalizar una historia como la que captaron las cámaras, puede considerarse hasta noble.

Ahora bien, luego de respetar el desarrollo situacional de la historia de Hatidze, en la interpretación del espectador, ¿han procurado los directores en no intervenir? Los directores no narran el documental, el narrador es el mismo filme. No superponen puntos de vista, no entrevistan a expertos, no hay un solo comentario en la película que no provenga de la misma historia. Entonces, ¿acerca esto el cine a la objetividad? ¿Es un respeto a la no intervención? Digamos que este documental es tan objetivo como lo era Nanuk, el esquimal (1922), o como lo es este artículo.

Después de todo, son unos macedonios retratando a unos turcos y la relación con la región Balcánica. La intervención está presente, pero a través de un experimento de semiótica sobresaliente, de una elegancia únicamente comparable con Close Up (1996), de Abbas Kiarostami, donde la sutileza de la metarrealidad es un logro por sí misma. En todo caso, si intervienen, no hubiésemos tenido nuestro villano.

Etnografía Antropológica

El primitivismo humano, básico, involutivo, es la vergüenza del mundo civilizado, y en muchas ocasiones considerado un desequilibrio de la existencia moderna. ¿Un desequilibrio? Bueno, esta es una película sobre equilibrios.

Toma la mitad, deja la mitad. Mitad documental, mitad ficción. Mitad bondad, mitad maldad. Mitad belleza, mitad fealdad. Así mismo es el espíritu humano, es contradictorio, paradójico y de a ratos desbalanceado, y necesita del equilibrio para garantizar la sanidad.  La conservación de ese equilibrio es vital para la supervivencia, tanto en la raza como en nuestro planeta, y así lo sugiere Honeyland. La película es ambientalista, esa intención está ahí. Sin embargo, el significado de una obra trasciende enormemente a la intención de su autor. Entonces, además del ambientalismo que movilizó a este equipo a empezar a rodar esta obra maravillosa, ha resultado un trabajo determinado también a ser antropológico; y que materializa visualmente algunas de las preguntas más importantes sobre la existencia, aborda con gran atino en los temas muy relacionados a la antropología, además del ambientalismo,  tales como la relación de la humanidad con el planeta, la avaricia, la explotación animal, la depredación capitalista, la suerte, la definición de civilización, la indefensión de las minorías, la desesperanza, la soledad y lo más importante de todo: la resiliencia. Tan escasa y solo reservada para algunos.

Honeyland es un espejo en el que vemos nuestro reflejo más horrible. Un espejo que nos avergüenza, nos conmueva, y nos invita a ser mejores, a superar nuestro propio salvajismo. Es un trabajo etnográfico, porque observa una aldea muy salvaje y de prácticas primitivas: la aldea global. Donde quiera que estemos dos de nosotros, estarán los mismos problemas. Definitivamente debemos repensar nuestra relación con nuestro planeta, pero también debemos repensar nuestra relación entre nosotros mismos, y con nosotros mismos.  Luego de una hora y media de película, luego de sentir, de pensar y después de toda nuestra civilización, ¿Tenemos alguno nosotros algo que reclamar a la historia de esta apicultora de Macedonia?

Cuando la abeja madre ya no está, las abejas obreras se van. Así lo ha hecho Hatidze, se ha marchado, dejando atrás su panal gastado. El documental no muestra en imágenes el lugar hacia donde se dirige Hatidze, lo muestra en texto, pero no le permite al espectador observar su nueva vida, su libertad; porque ¿será ella realmente libre? ¿Se puede ser humano y ser libre? Y finalmente, ¿quién es el villano en esta historia? ¿Es el vecino? ¿Es la depredación capitalista? ¿O somos todos nosotros?

 

-Fade to black –

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