Cold War (2018)

POR: HUGO PAGÁN SOTO

Eso de vivir una historia de amor como en las películas imagino que no aplica para esta COLD WAR. A lo largo de los años el cine se ha encargado de enamorarnos, sobre todo nuestros amigos de Hollywood que tienen un Phd en romances épicos. Y no es que tengan nada de malo las historias de príncipes azules rescatando damiselas en peligro, o el tipo corriendo detrás del tren para alcanzar al amor de su vida, o el beso bajo la lluvia, o el desdichado Jack hundiéndose en el frío atlántico por no compartir un pedazo de tabla con su amada Rose, o el pobre Rick solitario en su café para que vuelva a aparecer Ilsa a poner su mundo patas arriba. No, no hay nada de malo en esas historias,pero el cine también nos ha regalado otras que se adhieren con más fuerza a lo cotidiano. Para muestra tenemos esta nueva entrega del director polaco Pawel Pawlikowski, COLD WAR es la nueva apuesta del talento director y llega cinco años después de su aclamada “Ida” ganadora del Oscar a Mejor Película Extranjera.  

Una vez más Pawlikowski vuelve a la Polonia de la posguerra, pero ahora enmarca su historia en los años de la guerra fría. Desde el primer fotograma y mucho antes de conocer el destino de Zula (Joanna Kulig) y Wiktor (Tomasz Kot) el aire de pesimismo llena la pantalla. Vemos los rostros y escuchamos los acordes de las melodías folclóricas, ambos destilan una extraña mezcla de alegría y dolor. De esta forma nos enganchamos en esta historia donde la música es al igual que nuestros desgraciados amantes un protagonista. Wiktor es un compositor que junto a dos colegas tienen la tarea de rescatar las tradiciones polacas buscando talento en las áreas rurales con el fin de formar un grupo de cantantes y bailarines que sirvan al régimen en su agenda política. Es en ese contexto donde los caminos de Wiktor y Zula se cruzan. Sin apartarse del discurso político y puntualizando de manera precisa la crítica a un sistema absurdo el director logra forjar una historia de amor poderosa.

Esa Joanna Kulig nos regala con su Zula un personaje demoledor que logra calarnos hasta los huesos y Tomas Kot en los zapatos de Wiktor le hace el contrapeso perfecto.No hay momentos bajos en las interpretaciones de estos actores y cada momento con ellos en pantalla es inmenso. Para la puesta en escena el director utiliza el recurso de la imagen en 1.37 (4:3) en lugar del más utilizado en estos días 2.39 (16:9). El director de fotografía Lukasz Zal (Ida) logra enmarcar de manera perfecta los rostros en este formato más cuadrado que el actual estándar de las imágenes rectangulares. Ver esos rostros en primer plano ocupando casi la totalidad de la pantalla nos abruma y le agrega a la fuerza interpretativa que ponen Kulig y Kot. Otra técnica que le sienta muy bien al filme es el uso del blanco y negro.  Ya en su anterior filme ambos, director y fotógrafo, habían dado un excelente uso a este recurso y ahora una vez más lo utilizan con maestría. Como comentamos al inicio la música es un personaje que se suma a la historia y hasta podemos decir que por momentos Pawlikowski usa los códigos del musical para su narrativa, pero rompiendo con las fórmulas del género.

 COLD WAR es una historia intensa con un final de esos que se quedan con uno para siempre.

10/10

HPS

 
 
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