Shoplifters (2018)

POR: HUGO PAGÁN SOTO

Cuando te sientas a ver una película que viene de llevarse la Palma de Oro en Cannes las expectativas son altas. Tal es el caso de SHOPLIFTERS de Hirokazu Koreeda. Pero para ahorrarles la lectura y si gustan pueden dejar esto hasta aquí, lo del director japonés tiene madera de obra maestra. Además de una puesta en escena impecable y un pulso narrativo excepcional Koreeda nos deja pasmados con un guion que se crece a mediada que pasan los minutos y llega a su clímax en el momento que nos sentimos más a gusto y nos sacude sin piedad. SHOPLIFTERS es cine puro, parte desde los principios más básicos del arte de contar historias para poner en pantalla un drama familiar que sirve para reflexionar sobre el amor y la familia.

Lo primero que desafía esta SHOPLIFTERS son los paradigmas del bien y el mal. En esa primera secuencia vemos a Osamu (Lily Franky) (Shota) Jyo Kairi robando una pequeña tienda de conveniencias. Por su destreza y coordinación sabemos que esto es su día a día y que para ellos hay honor y no maldad en lo que hacen. Desde ese arranque y hasta el segundo acto de la película Koreeda nos lleva por un camino tranquilo y sin giros bruscos. La comedia se hace presente en el drama de esa distorsionada familia que se hace más grande cuando Osamu decide “rescatar” a una pequeña niña y hacerla parte del equipo. Sin previo aviso llega la primera gran vuelta en el guion de SHOPLIFTERS y de ahí en adelante el suspenso se apodera de nosotros y no nos suelta nunca más. El japonés nos da un golpe bajo que nos deja sin aliento, la historia se complica y los personajes se muestran sin caretas.

El presagio se muestra en ese viaje de la familia a la playa, cada uno juega su papel y hasta podemos decir que se podrían delinear modelos de los roles familiares: papá, mamá, abuela, niños. Es en ese momento que Koreeda desnuda a sus personajes y nos deja ver más allá. Gestos muy simples pero muy humanos, diálogos cortos, pero muy precisos para dejarnos ver la fragilidad de cada uno de esos personajes. El director descansa sobre sus actores para sacar el máximo de cada secuencia y ellos hacen que valga la pena. Al igual que su película de 2103 “Like Father, Like Son” el nipón deja que la audiencia absorba cada momento con paciencia, nos deja contemplar a esos personajes y podemos sentir con ellos. Por momentos la delicadeza de SHOPLIFTERS para mostrar la crisis en la familia nos recuerda a Tokyo Story (1953) de Yasujirô Ozu.

Es en la fuerza de este dialogo entre la madre y la abuela donde está toda la esencia de la obra de Koreeda.

Hatsue Shibata: Estoy segura de que se quiere ir a casa.

Nobuyo Shibata: ¿Lo crees?… ella nos eligió.

Hatsue Shibata: Usualmente uno no puede elegir a sus padres.

Nobuyo Shibata: Pero, tal vez es más fuerte cuando los eliges tú mismo.

Hatsue Shibata: ¿Qué es?.

Nobuyo Shibata: Qué es…

Nobuyo Shibata: El lazo. El lazo.

Hatsue Shibata: Yo te elegí también.

10/10

 
 
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