Afiche Dolor y Gloria
Críticas

DOLOR Y GLORIA (2019): No Hay Gloria Sin Dolor

Con Dolor y Gloria Almodóvar expulsa algunos demonios. El director manchego es una marca registrada, una referencia en el mundo del cine. Después de Volver (2006) había estado en un letargo creativo y con la excepción de La Piel que Habito (2011) sus películas parecían redundar y no encontrar la voz que le ha hecho merecedor de todos los honores en la industria del cine. Con su más reciente filme vuelve a escarbar en sus orígenes y se ayuda de la introspección para poner en pantalla un filme cuasi biográfico.

Estamos ante el filme más personal del director español. La perfección y la genialidad que brotaban en el pasado vuelven a asomar. En un tono por momentos biográfico Almodóvar enseña el alma y muestra, disfrazada de ficción, su vida. En su carrera nunca hubo un intervalo mayor a dos años entre una producción y otra, en las décadas de los 80 y los 90 sus películas fluyeron a un ritmo vertiginoso. El muchacho de Calzada de Calatrava fue amo y señor. Dolor y Gloria florece después de pausa de tres años y nos regresa al Almodóvar más puro.

DOLOR Y GLORIA, EN ESE MISMO ORDEN

Salvador Mallo (Antonio Banderas) es un director de cine que reflexiona sobre su pasado. Mallo atraviesa una crisis existencial y un soplo del pasado lo mueve a abrir viejas heridas para sanar su presente. Un encuentro con una vieja amiga, Mercedes (Nora Navas) lo empuja a salir de su encierro para una presentación especial de la que fuera su película más importante. Y así una cosa lleva a la otra, Salvador decide reencontrarse con Alberto (Asier Etxeandia) quien fuera el protagonista de su filme y con el que no habla hace más de treinta años.

El diseño de producción de Antxón Gómez (Todo Sobre Mi Nadre, La Piel que Habito) junto con la dirección de arte de María clara Notari (Relatos Salvajes, Los abrazos Rotos) nos sumergen en el universo visual de Almodóvar. Los colores y los escenarios vuelven a ser protagonistas, el lenguaje se enriquece con la puesta en escena.

Antonio Banderas
Antonio Banderas (Google Images)

DE BANDERAS A CRUZ

Para Antonio Banderas esta es su octava colaboración con Almodóvar, mientras que para Penélope Cruz es su quinta. Ellos se convierten en piezas para armar el rompecabezas que constituye el pasado que el director remueve. Ambos han sido por igual elementos claves en la carrera de Almodóvar.

Banderas se muestra superbo y abraza su papel con una fuerza impresionante. Su interpretación sostiene el filme y por la forma que se narra la película su desempeño era vital. Si miramos a Penélope el director se refugia en ella para esbozar los recuerdos maternos de su infancia.

Uno que trabaja por primera vez con el director en Dolor y Gloria es Asier Etxeandia. El veterano actor vasco nos regala un monólogo potente en la piel de Alberto. Las secuencias de Alberto y el Salvador de Banderas son de lo mejor del filme. Por igual hay un momento entre Salvador y Federico (Leonardo Sbaraglia) que sube la tensión al máximo y nos recuerda la maestría de Almodóvar a la hora de manejar secuencias de diálogos intensos.

EN EL CINE COMO EN LA VIDA

Almodóvar no tiene miedo a desnudarse y aunque ya ha admitido que Dolor y Gloria no es un calco de su vida, lo que muestra se compone de recuerdos entremezclados con dosis de ficción. Es el cine mirando al cine, es realidad y ficción sin líneas claras. La pantalla no es un límite sino una ventana que nos deja entrar a lo más profundo de la mente y el alma de un director que sin el cine se asfixia.

Dolor y Gloria se convierte en un homenaje al cine que sirve a la vez como terapia para un director que recurre a su mejor herramienta para hacer las paces con su pasado.

8/10

Críticas

La Piel Que Habito (2011) de Pedro Almodóvar

Gracias a los amigos de Palacio del Cine pudimos disfrutar del screening meridiano del más reciente filme del aclamado director Español Pedro Almodóvar “La Piel Que Habito”. Lo primero es decir que la experiencia ha sido más que placentera, el filme es un verdadero viaje, una experiencia delirante de cinematografía pura, una muestra más de como un director con talento puede entrar en nuestras mentes y jugar a su antojo con ellas.

Dudas no deben caber sobre la capacidad de Almodóvar para contar historias, el director posee una agudeza y una perspicacia única para contar sus relatos, para refrescar la memoria basta con recordar películas como: Carne Trémula, Todo Sobre Mi Madre, Hable con Ella, Volver y de seguir seguro que terminaríamos por nombrar toda su filmo-grafía. La presente vuelve a re-afirmar esa capacidad de este ingenioso director, aferrándose a una historia compleja sacada de la novela “Tarantula” del escritor Thierry Jonquet, Almodóvar logra el intrincado guión que da vida a este intenso relato.

Aunque quisiéramos contarles o por lo menos resumirles de que va el guión de esta película la tarea sería casi imposible. Para que tengan una idea general la historia se centra  sobre el personaje de Robert Ledgard (Antonio Banderas) un prestigioso doctor que se encuentra en medio de una investigación importante tratando de desarrollar un tipo de “super piel” que resista mucho más que la piel humana, es aquí cuando entra en juego el misterioso “conejillo de indias” que utiliza el Dr. Robert en su intenso proyecto. A medida que se desarrolla la historia vamos conociendo de manera mas profunda el oscuro pasado del doctor gracias a una serie de extraños personajes que van interviniendo en su vida y de manera sutil entendemos que sus motivos van mucho más allá de la ciencia.

Con una trama misteriosa llena de suspenso y con un ritmo que por momentos tiene unos toques de Neo-Noir, la película posee una fuerza que nos atrapa desde los títulos iniciales con un fade in que nos muestra una postal de la ciudad de Toledo con los títulos rojos super-impuestos que nos indican que vamos en un viaje al futuro cercano cuando nos muestra “año 2012” y de manera rápida nos lleva dentro de una bella pero misteriosa casa que resulta ser a la vez una especie de laboratorio con tecnología de punta. Es como si Almodóvar nos quisiera decir que lo que estamos a punto de ver puede de alguna manera estar sucediendo ahora mismo.

El manejo del suspenso está tan bien llevado que hasta el propio Hitchcock quedaría satisfecho, secuencia tras secuencia la tensión va creciendo y la intriga se hace casi inaguantable nos hace querer conocer el desenlace de manera inmediata. Por supuesto todo esto se logra gracias a un trabajo impresionante de edición a cargo de José Salcedo un habitual colaborador en los filmes del director Español. La edición es tan perfecta que nos lleva sin tropiezos por una historia compleja y llena de giros. Para completar y como si fuera la cereza del pastel se suma la fotografía maravillosa de José Luis Alcaine, que nos regala una verdadera experiencia visual que se va construyendo como la delicada obra de un artesano con cada pieza en su lugar, el uso de los colores y los ángulos de la cámara así como el movimiento de la misma funcionan como las piezas de un reloj suizo.

En lo que respecta a las actuaciones podemos decir que Banderas es otro cuando actúa en “Español” el papel le sienta muy bien y claro ir de la mano de un director del calibre de Almodóvar seguro que le ayuda a sacar lo mejor de él, definitivamente su rol es el de mayor peso en el filme y el actor llena las expectativas. Elena Anaya (Vera Cruz) en un papel insólito se nos mete en la piel y nos cautiva con una excelente interpretación. Marisa Paredes como Marilia en un rol secundario pero que aporta mucha fuerza a la historia.

Por último aunque no por menos “La Piel Que Habito” cuenta con un magnífico arreglo musical  por parte de Alberto Iglesias, que con una precisión quirúrgica inserta sus notas y ritmos en cada escena para construir los momentos, en su totalidad el filme funciona a la perfección.

Calificación: 8/10.

Ficha Técnica:

  • Dirección: Pedro Almodóvar.
  • Guión: Pedro Almodóvar, Thierry Jonquet (novela).
  • Reparto: Antonio Banderas, Elena Anaya, Marisa Paredes.
  • Género: Drama, Suspenso.
  • País: España.
  • Duración: 117 min.

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HPS