The Vast of Night
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THE VAST OF NIGHT (2019): De Andrew Patterson

El cine siempre ha sentido fascinación por las historias sobre extraterrestres. The Vast of Night (2019) de Andrew Patterson viene a sumarse a esa larga lista de títulos que exploran el tema. La norma en las películas del género es la grandilocuencia y los efectos para crear historias excitantes. Aquí el camino es otro, no hay grandes batallas, no hay grandes naves espaciales, no hay figuras aterradoras provenientes de otros planetas. Patterson se las arregla con un guión que prescinde de los artificios visuales y se apega a elementos menos llamativos, pero efectivos. Es en la cadencia del ritmo narrativo y la precisión de los diálogos donde el filme encuentra más oxígeno. (more…)

El hoyo
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El Hoyo (2019): De Galder Gaztelu-Urrutia

Charles Olson sentenció en su inmortal poema The Kingfishers, «Lo que no cambia es la voluntad de cambiar». En algunos más que en otros esa voluntad late y muchas veces se eleva por encima de nuestra propia razón. En cierta medida El Hoyo, del director Galder Gaztelu-Urrutia, persigue esa esencia del ser humano. Su desgraciado protagonista busca, primero cambiar su situación y luego la de su entorno. Antes de aterrizar en los anaqueles virtuales de Netflix el filme se coronó en el festival Internacional de Toronto con el premio a la mejor película en el segmento “Locura de Medianoche”, sección reservada para los filmes de terror y líneas similares. De igual manera se llevó cuatro premios en el Festival de Sitges incluyendo Mejor Película.

Despertamos junto al protagonista en una especie de prisión. En esos primeros minutos que el director usa para plantearnos el conflicto entendemos que se trata de una cárcel vertical donde los prisioneros se distribuyen a razón de una pareja por cada nivel. También nos vamos a enterar cómo funciona una plataforma que sube y baja para que los internos puedan obtener sus alimentos. Unos minutos bastan para entender el dilema moral que será la piedra angular del discurso.

EL HOYO

El guión de David Desola y Pedro Rivero se dibuja en una especie de mundo Orwellianio. Ese Goreng (Ivan Massagué) nos recuerda al también desafortunado Winston de la obra de Orwell. Detrás de la violencia gráfica que empuja a la película por los senderos del cine gore, el argumento permite que la audiencia se pueda plantear preguntas morales sobre la sociedad y nuestro rol en ella. La verticalidad juega un papel determinante en el paralelismo de los habitantes de esa prisión y nuestro mundo actual. La abundancia en la clase alta contrastada con la carencia extrema en los niveles más bajos y la incapacidad para encontrar el balance de forma sensata. La violencia parece ser la única chispa que puede encender una revolución transformadora.

Los diálogos entre Goreng y Timagasi (Zorion Eguileor) despuntan como lo mejor de la película. Sus debates éticos y existenciales sirven como vehículo para que la historia encuentre movilidad y dinamismo en el confinamiento de esa única locación. Luego, en el viaje que emprende Goreng tendremos los encuentros con los demás personajes que terminan por moldear de manera definitiva el discurso de El Hoyo. En su primera mitad un drama existencial y de estudio social y en su desenlace un carnaval de violencia.

El hoyo
Fotograma de El Hoyo (Google Images)

LA PLATAFORMA

Esa plataforma que se muestra impecable, apetecible y abundante sale a sus rondas por el mundo. En sus verticales andares son los individuos los que la profanan y la terminan por convertir en algo detestable. El manjar, que bien puede representar cualquiera de los recursos no renovables del planeta, parece ser el justo para alcanzar a todos si se distribuye con equidad peor la voluntad humana tiene otros planes. La verticalidad nubla la razón y nutre el ego, mientras que ese Goreng persigue conseguir un cambio estableciendo un pensamiento más horizontal y colectivo.

El Hoyo es un filme que se define muy bien en los géneros de la ciencia ficción y el cine horror. Navega esas aguas sin muchas pretensiones y entrega una película entretenida y con una premisa sólida que se desarrolla de manera correcta.

7/10

Love Death & Robots
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LOVE, DEATH & ROBOTS (2019-): Original de Netflix

La serie de Netflix Love, Death & Robots es un buen ejemplo de que tanto ha cambiado la industria del cine y la televisión. Mientras productoras y exhibidoras se encarnan en una despiadada lucha por márgenes y beneficios, el público se refugia en las plataformas alternativas y encuentra un sinfín de opciones para consumir. En la actualidad lo que se produce para televisión tiene una calidad cinematográfica innegable.

Atrás quedaron los días donde la televisión se suscribía a unos códigos diferentes y se alineaba siempre en el camino del entretenimiento pre-estructurado. Hoy productores y realizadores tienen en ocasiones más libertad para actuar bajo el mando de las nuevas cadenas de servicios de streaming y demás hierbas aromáticas. Solo en el mundo virtual de Netflix podría tener cabida una serie como esta de Tim Miller (Deadpool). Ya con la experiencia de su serie Mindhunter, David Fincher se suma como productor ejecutivo.

En la pasada ceremonia de los premios Emmy la serie se llevó 4 galardones para seguir reafirmando que Netflix es un contrincante serio para los estudios tradicionales.

LOVE, DEATH & ROBOTS

Una colección de cortos animados es lo que ofrece Love, Death & Robots. Sus episodios con un rango entre 6 y 17 minutos se aventuran por toda una serie de géneros que abarcan desde la comedia hasta el horror. Cada historia es un cortometraje independiente que funciona por sí mismo sin necesidad de conectar con los otros. En su primera temporada la serie se compone de 18 episodios y si buscamos un hilo conductor podemos mirar al papel del ser humano de cara a la tecnología.

Tomar como muestra “Three Robots” donde tres robots se pasean por un mundo pos-apocalíptico sólo para ver como el hombre terminó por ser su peor enemigo. O tal vez “Sonnie’s Edge” que nos sumerge en un mundo de peleas clandestinas. Y si queremos ver la capacidad para cambiar de forma radical de esta serie podemos buscar “When the Yogurt took Over” y dejarnos seducir para la sátira social y la crítica a los sistemas políticos.

Love Death & Robots
Love, Death & Robots (Google Images)

NO PARA CORAZONES DÉBILES

Esta Love, Death & Robots no se reserva nada, lo muestra todo. Gráficamente la realización es superba y los niveles de detalles de cada cortometraje son impresionantes. Así como su capacidad para cambiar de género, así también cambia de estilo de animación. Secuencias en dos dimensiones, otras en tres dimensiones, otras más minimalistas y hasta las más avanzadas técnicas de animación en computadora. Igual algunos de los episodios se roban trazos del manga para dar vida a sus personajes.

Otro elemento determinante es el uso de la violencia en las historias. La mayoría de ellas nos presentan una carga fuerte de violencia y en ocasiones se combina con secuencias eróticas. El uso de ambos recurso se justifica muy bien y se adapta al entorno de la narración. El uso de la animación como medio para contar los relatos les da a los realizadores una libertad que sólo se puede conseguir en este universo.

Tan preciso como su título es lo que ofrece esta serie animada: Amor, Muerte y Robots.

8/10

AD ASTRA
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AD ASTRA (2019): La Odisea de Roy

Ad Astra nos lleva a un lugar familiar. Y no me refiero al espacio exterior sino al lugar donde el hombre hace frente a su propia existencia. En el cine la exploración del espacio exterior ha sido un tema recurrente, a veces como aventura y otras tantas como un medio para hurgar en la psiquis humana. Robando elementos de ambas propuestas James Gray (Two Lovers, The Immigrant) nos plantea una historia que nos lleva a los confines del espacio para buscar las respuestas que yacen en nuestro interior. El anzuelo de la aventura arrastra a los incautos hasta una película más reflexiva e introspectiva.

En una entrevista el propio Gray admitió que escribió los primeros borradores de Ad Astra en 2011. La idea era un proyecto más íntimo, una película de estudio de personaje en el espacio. Al final el proyecto se hizo más grande y ambicioso, poner a Brad Pitt en el rol protagónico hizo que de repente se pensará en un filme de tonos épicos. Igual la cantidad de cintas que se encaminaron por este mismo sendero hicieron que se replantearan muchas cosas.

AD ASTRA Y EL SÍNDROME DE TELÉMACO

En un futuro cercano el hombre ya ha colonizado la luna y hay toda una serie de ambiciosos proyectos espaciales. Una serie de extrañas descargas de energía ponen en peligro la vida en la tierra y Roy McBride (Brad Pitt) es llamado a una misión para encontrar el origen de este fenómeno. La información apunta a que una misión fallida que fue comandada por el padre de Roy, Clifford McBride (Tommy Lee Jones), puede guardar relación con los inusuales sucesos.

Lo único que conecta a Roy con este mundo es su trabajo. Todo lo que le rodea se nos muestra fuera de foco y nos vemos obligados a engancharnos a él. Estoico e inmutable sin importar la situación, así entierra sus carencias y debilidades, pero su nueva tarea hará tambalear sus cimientos. El guión de James Gray y Ethan Gross nos embarca en una verdadera aventura épica comandada por un excepcional Brad Pitt. Ad Astra puede hacer alarde de una impecable realización y estilizada puesta en escena, pero lo que realmente la realza es la gigantesca presencia de Pitt en pantalla. El veterano actor se devora esas dos horas y nos absorbe con su poder interpretativo.

Bien podría ser ese Roy McBride un perfecto sujeto para estudiar el síndrome de Telémaco. El hijo con el vacío emocional tras la ausencia del padre. Tal como en el relato de Homero, Roy irá tras su padre. Tal vez los motivos sean diferentes, pero en esencia el viaje y los peligros que este trae son los mismos. No importa todo el ruido exterior aquí lo importante es esa fracturada relación padre-hijo y el hombre que hace frente a sus huecos emocionales.

“…Odiseo se sentó de nuevo y Telémaco le abrazó llorando inconsolablemente, pues así de intenso era el deseo que los unía…” (Homero, La Odisea)

Con el personaje de Roy el director James Gray también se aventura por las líneas del complejo de Edipo y ese resentimiento ante la figura paterna. El impulso es matar la figura del padre para salir de esa sombra, Roy no quiere ser su padre, pero sus acciones lo acercan cada vez más ese modelo que rechaza.

Brad Pitt
Brad Pitt (Google Images)

2019: LA ODISEA DE ROY

Al igual que en su momento lo hiciera Tarkovsky con su “Solaris”, Kubrick con “2001: Una Odisea del Espacio” y hasta Cuarón con “Gravity”. James Gray usa el espacio como un vehículo para consolidar su discurso y encontrar el lugar ideal para que el hombre reflexione y se mire con más conciencia de sí mismo. Aquí mucho tiene que ver Hoyte Van Hoytema (Interstellar, Dunkirk) quien con una inmaculada labor de cinematografía nos regala fotogramas que recogen hasta la más profunda de las emociones que brotan de ese Roy en su viaje.

Ya sea en forma o en partes de su estructura Ad Astra puede guardar relación con cualquiera de los filmes que mencionamos antes. Pero si quisiéramos establecer un puente más cercano podríamos mirar a la obra de Tarkovsky y equiparar a Roy con aquel Kris de “Solaris”, que fracturado emocionalmente también se embarca en una misión de gran envergadura.

Esta Ad Astra no es tan contundente como sus similares y esto en parte se debe a que la historia se adorna con algunas secuencias que suman poco al discurso del director. La fotografía y la música se conjugan de forma perfecta y en el centro de todo un Brad Pitt que se impone y nos estremece con una actuación para la posteridad.

8/10

Críticas

Crítica a “Blade Runner 2049” (2017)

Blade Runner 2049 de Denis Villeneuve nace con una desventaja, se tiene por obligación que medir a su predecesora. Imaginen al hijo de Michael Jordan tratando de no vivir bajo la sombra de su padre al momento de pisar el tabloncillo; algo así debió sentir Villeneuve cuando se sumó al proyecto para dar forma a una secuela de uno de los clásicos más importantes en la historia del cine. Es imposible imaginar el cine de ciencia ficción sin Blade Runner (1982). En su momento ni Scott ni los replicants fueron bien recibidos pero el tiempo se encargó de llevar la cinta a un sitial preferencial y de paso elevarla a un estatus de culto. Podríamos decir que Villeneuve entraba a lanzar (more…)