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Críticas

YA NO ESTOY AQUÍ (2019): De Fernando Frías

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Ya no estoy aqui

Cuando se arranca la tierra la herida nunca sana. La migración forzada es una llaga que siempre duele. Ese viaje tan convulso ha sido retratado en el cine de múltiples formas. Ya no estoy aquí (2019) de Fernando Frías se suma a esa larga lista. Desgarradores por naturaleza, los relatos de estos éxodos gritan cine desde su nacimiento. Es fácil tejer un drama en torno a las realidades que viven estos protagonistas que se embarcan para enfrentar lo desconocido. De manera muy particular la obra de Frías se distingue por mirar dos procesos, uno físico y el otro espiritual.

Aún no conocemos a Ulises, el lente acaba de abrirse y vemos a este muchacho en una especie de ritual de despedida. Su atuendo y su peinado resaltan y contrastan con el paisaje desolado y el ambiente de pesadez. En unos minutos nos damos cuenta de que en efecto es una despedida y una bien amarga. En la parte trasera de un carro se pierde en la distancia.

Un Ulises con sangre azteca

Como al legendario héroe de la epopeya de Homero, a nuestro Ulises (Juan Daniel García Treviño) le toca emprender su propia aventura. En Monterrey un grupo de jóvenes bailan al ritmo de una cumbia lenta, modificada para que las canciones duren más. Estos grupos están estructurados con una jerarquía similar a la de las pandillas. Ulises es el líder de los Terkos. Pasan sus días vagando por las calles, cometiendo crímenes menores y más que todo bailando sus ritmos de “Kolombia”. El mundo de Ulises se sacude cuando un altercado entre dos carteles rivales lo deja en una posición vulnerable y se ve obligado a migrar a Estados Unidos para preservar su vida.

El guión, del propio Fernando Frías, se posiciona para lanzar un discurso sobre la migración forzada. Al tiempo que se exploran los traumas que vienen con el desplazamiento físico obligado, el director encuentra espacio para proponer la idea del migrante en su propia tierra. Esos Terkos que se refugian en una música foránea y que se separan de la sociedad que les rodea, también migran. Ulises es un forastero incluso en su misma familia y es con sus amigos donde encuentra confort. La segregación es tal que estas pandillas manejan su propia jerga y sólo entre ellos se entienden a cabalidad.

Ya no estoy aqui

Ya no estoy aquí (Google images)

Desde los ojos de Ulises

Físicamente Ulises está muy lejos de casa y de su grupo, pero su mente lo acerca constantemente. El juego con las líneas de tiempo y el recurso de utilizar los escapes mentales del personaje central para contar la historia funcionan muy bien. La cámara de Damián García (Güeros) hace maravillas en las secuencias más íntimas con los primeros planos y en los exteriores nos regala tomas extravagantes que muestran el peculiar mundo de los Terkos. Aquí el campo visual y el universo sonoro son personajes que acompañan a los intérpretes y que dan contexto al discurso del director.

Juan Daniel García Treviño se embarca en el papel sin ninguna experiencia previa en cine. Su forma de encarnar el personaje tiñe al filme con un tono de documental. Sus encuentros en tierras extranjeras con una prostituta colombiana, que ya ha tenido su propio éxodo, y con una chica asiática que no le comprende pero que siente cierta fascinación por él, pueden bien definir parte del calvario que viven gran parte de los inmigrantes. Este Ulises del siglo XXI lucha entre sus propios Escila y Caribdis. Por un lado, la incapacidad de insertarse en una sociedad, que se alimenta y a la vez excluye a esos migrantes ilegales, y en el otro extremo el arraigo y la conexión emocional que lo empujan a volver.

Estar o No estar

La oportunidad se dio parara conversar con el director Frías para el podcast “Érase una vez en el cine” y además del proceso creativo y de la investigación que lo llevó a concebir Ya no estoy aquí, el director habló de la realidad que viven miles de jóvenes marginados. Ese movimiento de contracultura se convierte en la voz, en la única expresión que les permite estar y formar parte de un ecosistema que los ve como parásitos.

La poética secuencia final economiza los diálogos y las imágenes hacen todo el trabajo. Ulises se despoja de él, respira, pero el aire está enrarecido, regresa, pero ya no está aquí.

8/10

 
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